Subir el Volcán Acatenango
Experiencias de Viajes

Anécdotas de Viaje: Cuando escalé un volcán

Por lo general intento realizar actividades fuera de lo común en mis viajes. Claro que me gusta conocer lo típico de cada ciudad. Pero en ocasiones necesito de algo más. En Guatemala se me presentaría la oportunidad de poder escalar un volcán. Y digo “escalar” por ponerle un verbo. La verdad es que fue más un “subir por una vereda” que propiamente escalar. Aunque debo de decir que fue todo un reto.

Arco de Santa Catalina

El subir a un volcán se había quedado en mi mente desde la primera vez que visité Antigua, Guatemala. Para mí esto era algo que debía hacer pues Antigua me había enamorado y la naturaleza me encanta. Parecía el reto ideal. Por lo que decidí invitar a mi mejor amigo. Y después de convencerlo con algunas fotos espectaculares que encontré en Google aceptaría unirse a mi viaje.

Subir volcán Acatenango

La preparación previa

Durante unos dos o tres meses antes del viaje me estuve preparando. Intenté realizar una rutina en el gimnasio que me permitiera mejorar mi condición física. Además, compré algunas cosas que según yo necesitaba para esta aventura. Me pasé los dos meses previos intentando caminar lo más posible, subía y bajaba escaleras de edificios de 20 pisos, me quedaba sin aliento constantemente. Pero sin duda que eso me ayudaría.

Algunos problemas antes del viaje

Había llegado el día y en mi mochila cargaba lo mínimo indispensable. Era la mochila con la que tenía que subir el volcán. Un par de pantalones, tres playeras y un par de capas para cubrirme del frío -después me daría cuenta que no había llevado suficientes capas-.

Llegamos al aeropuerto sólo para enterarnos que el vuelo se había retrasado. Yo había conseguido asiento, pero mi amigo no. En el mostrador de la aerolínea me preguntaron si quería salir en el vuelo del día siguiente. Les dije que iba a pensarlo. Decidí quedarme -todo por ser buen compañero de viaje- y salir al día siguiente. Me dieron un voucher con $400 USD que después usaría en otro viaje. Hablamos al hostal y les pedimos una nueva reserva para subir el volcán. Nos la consiguieron para un día después.

Recomendación: el hostal en el que me quedé fue el Yellow House Hostel. Da clic en él para ver disponibilidad y precios.

Al día siguiente volamos, llegamos a Antigua y nos dedicamos a conocer la pequeña ciudad. Sin cansarnos mucho y tratando de guardar energía.

Ruinas en Antigua Guatemala Iglesia de la Compañía de Jesús

Había llegado el día de subir

Una camioneta pasó por nosotros al hostal y después de una hora manejando llegamos a nuestro punto de partida. En él conocimos a los demás integrantes del grupo y a nuestro guía: José. Una persona mayor con una experiencia enorme en el volcán Acatenango. Después de recibir instrucciones -muy básicas diría yo- comenzamos la caminata.

Los primeros metros fueron muy complicados. El suelo era una combinación de arena y grava en el que te resbalabas fácilmente y la pendiente muy pronunciada. Literalmente no habían pasado ni 30 minutos y ya nos habíamos parado para descansar. Nos faltaban todavía más de 7 horas.

Escalé un volcán en Guatemala

Continuamos subiendo y paramos algunas veces. Unas para tomar aliento. Y otras para comer y cargarnos de energía. Conforme pasaba el tiempo la mochila que traía a los hombros se volvía más pesada. Pero después de poco más de 6 horas habíamos llegado al campamento. Las vistas eran impresionantes, con el volcán de Fuego frente a nosotros y miles de nubes pasando.

Volcán Fuego

José nos sugiró descansar y eso hicimos. Dormimos un poco. Ya en la noche preparamos una fogata y cenamos alrededor de ella mientras José nos decía que el volcán estaba a punto de hacer erupción. Y como si José tuviera una bola de cristal, el volcán comenzó a rugir e hizo erupción. Nos regaló un espectáculo nocturno de luz y sonido. Sería el primero de varios.

Erupción Volcán Acatenango

Tours para subir un volcán en Guatemala

La noche más complicada de mi vida

La noche fue demasiado complicada. Demasiado viento, frío, ruido y hasta un temblor nos tocó. La verdad es que casi no pude dormir. Nos despertamos alrededor de las 4 am. Y digo “despertamos” por decir. Pues en realidad nunca dormimos. Nos preparamos para la última fase del trayecto. Subir a la cima.

Vista de Antigua desde volcán Acatenango

El viento era impresionante, la visibilidad nula y el frío…de ese frío que se te mete a la piel. Pero después de una hora -de mucho esfuerzo- llegamos. Estaba todo nublado, entonces no pudimos ver nada. Pero el esfuerzo y la experiencia habían válido la pena. Era hora de bajar y regresar a la ciudad.

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